Durante los meses de verano, cada niño y niña adoptará una planta del huerto escolar para llevársela a casa. A través de esta experiencia, podrán aprender a cuidarla con responsabilidad y cariño, observar su crecimiento día a día y, con suerte, disfrutar de los frutos que les regale.
De este modo, el huerto no se detiene: cambia de escenario, pero no de esencia. Sigue vivo en cada balcón, terraza o rincón especial del hogar, regando aprendizajes, compromiso y respeto por la naturaleza.
Además de reforzar la autonomía y el sentido de pertenencia, esta actividad promueve hábitos sostenibles y saludables que conectan el aula con la vida cotidiana. Porque cuidar una planta es también cuidar el planeta… y a nosotros mismos 💚
¡Feliz verano y felices cosechas!












